Desde el Amazonas… Un largo camino a casa.
Cuando uno emprende el regreso, ya la ansiedad por llegar al hogar se hace un poco más fuerte dÃa a dÃa. Es que volver a casa es una de las partes más bonitas del viaje. Los recuerdos, las anécdotas, reproducen y reviven el viaje en cada charla. Volver desde Maracaibo hasta Rosario nos llevó 14 dÃas, fue una travesÃa agotadora pero llena de experiencias increÃbles que sellaron este viaje, este camino, lleno de nuevas historias que nos forman.
Atravesamos Venezuela en diferentes buses y cruzamos hacia Brasil con el brazo recién pinchado y un flamante certificado de la vacuna contra la fiebre amarilla expedido por la Republica Bolivariana. No solo cruzábamos una nueva frontera sino que ahora tenÃamos el desafÃo de comunicarnos en portugués. Arrancamos comiendo una coshina de frango, que tanto nos habÃa gustado en nuestro paso por Foz de Iguazú, y asà empezamos a practicar el nuevo idioma. Ahora que lo pienso, la mayorÃa de las palabras que aprendimos estaban relacionadas solamente a comidas…
De Boa Vista salimos con destino a Manaus, en el corazón del Amazonas. Despertamos en  medio de una vegetación frondosa que despierta el recuerdo de viejos mitos e historias como la de Fordlandia, la ciudad del caucho, o de las guerreras feroces. DebÃamos tomar un barco que nos acercara en el trascurso de cuatro dÃas a otra ciudad industrial: Porto Velho, a pocas horas de la frontera con Bolivia. Tuvimos suerte. El barco Dois Irmaos salÃa esa misma tarde. Cruzamos en lancha, acomodamos nuestra hamaca en el segundo piso, bien al lado del parlante del bar y aprovechamos para darnos la tan deseada ducha después de tanto micro de larga distancia.
Desde Manaus es posible tomar barcos hacia Santarem, Belém do Pará, Iquitos en Perú, Leticia en Colombia, o hacia Porto Velho, como fue la opción elegida. La mayorÃa de estos barcos tiene una estructura similar. Son tres pisos, en el inferior se transporta la mercaderÃa para abastecer pueblos en el camino y la cocina, en el segundo están los camarotes y todo el espacio para las hamacas, que llegan a ser unas trescientas amontonadas entre bolsos y columnas. En el segundo piso está el bar y más espacio para las hamacas. Allà se viaja bastante más cómodo porque la cantidad de gente no supera la veintena, pero la música del bar es aturdidora. Más si durante cuatro dÃas la camarera solo pone un dvd de cumbia brasilera y lo repite continuamente desde la mañana hasta entrada la madrugada. Hay algo que se llama tortura psicológica y por lo visto esta muchacha era especialista en la materia.
En el Dois Irmaos conocimos a dos chicos argentinos con los que pasamos los dÃas jugando al truco y tomando mates. David, de Villa Carlos Paz, estaba hacÃa seis meses en Brasil y ya se le terminaba la visa por lo que se iba a conocer Bolivia. Claudio, de San Lorenzo, ya tenÃa que volver a trabajar y arrastraba un bolso con mil kilos de guayabas de regalo para la familia. Dos personajes con el que compartimos varios dÃas, más allá de la estadÃa en el barco.
En el barco comprendimos la desesperación de los embarcados a la hora de tocar tierra firme. La velocidad de avance es mÃnima y el paisaje repetido desesperaba un poco. Pero la experiencia es increÃble. En un barco no hay mucho para hacer, salvo leer, escribir, dormir en la hamaca y charlar con cualquier humanoide que se acerque. Nosotros tenÃamos bastante espacio y nos habÃamos adueñado de una mesita del bar asà que era el punto de reunión a la hora de los mates y de las charlas eternas. Por fin, Porto Velho se vio en el horizonte…
Luego de un rato entre seres marginales de toda clase en la Rodoviaria decidimos negociar con un taxi para que nos llevara hasta Guayará-Mirin, en el lÃmite con Bolivia. Toda una travesÃa por una ruta desastrosa que anticiparÃa los dÃas venideros. Luego de hacer los trámites migratorios cruzamos en rÃo en un lanchón que nos dejó en GuayaramerÃn. Asà de parecidos son los nombres de las ciudades vecinas, una más carioca y la otra ya llena de puestos y moto taxis que nos daban la bienvenida nuevamente a Bolivia. Un dÃa entero Ãbamos a pasar en el pueblo, pero enseguida nos armamos el rancherÃo en la terminal de buses, con hamacas cruzadas y una buena dosis de fideos, ya nos sentÃamos como en casa. Al dÃa siguiente arrancarÃamos la travesÃa con el expreso Vaca Diez, supongo en el ranking de las peores empresas de transporte del planeta y alrededores.
En La Paz logramos dormir en una cama luego de más de dos semanas en micros y hamacas. Una dosis de hamburguesas (presumiblemente de perro) y salchipapas nos devolvió a la vida. Al dÃa siguiente saldrÃamos hacia Villazón, y ya al cruzar estarÃamos en casa. A más de mil kilómetros, pero en casa. Una parada a tomar mates con bolitas de fraile y posterior picada en una vereda de La Quiaca nos devolverÃa los sabores de nuestro paÃs. Ni que decir de las empanadas tucumanas con que nos recibieron Diego, Selva y Charly. O los mates que tomamos con El Rata, el primer camión que nos levantó recién ubicados en la banquina y los que nos tomamos con Luciano quien nos dejó bien al lado del 107… Ya estábamos en casa, cansados pero felices.
Fueron más de 20.000 kilómetros llenos de historias, de gentes, de lugares inolvidables. Una Gran Sudamérica se desplegó ante nuestros ojos y con zapatillas llenas de tierra anduvimos sus milenarios caminos. Es hora de asimilar semejante experiencia para poder tratar de reproducirla a los nuestros y ajenos. Un continente lleno de colores, aromas, sabores que nos llenaron el alma. Desde el azul de Chile, el naranja paceño, el amarillo desierto del Perú, el verde interminable de Ecuador, los miles de colores frutales de Colombia, el terracota de Venezuela, el verde amarehlo de Brasil. Miles de colores que nos pintaron nuestros recuerdos. Miles de colores y sensaciones que hoy nos dan la respuesta que salimos a buscar, ahora si podemos afirmar que nos sentimos mucho más latinoamericanos…
Etiquetas: Brasil









Somos compañeros de ruta y de vida. Luego de caminar de la mano por muchas de las rutas de nuestra Argentina, ha llegado el momento de cruzar nuevas fronteras.
Recorrer Sudamérica es el plan de este nuevo desafÃo que emprendemos. Por medio de las letras y la fotografÃa queremos dar cuenta de este gran sueño que estamos viviendo.
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